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sábado

LA CUESTIÓN DEL BLOQUE DE DIPUTADOS Y EL PROYECTO NACIONAL


La decisión adoptada en el sentido que los diputados nacionales pertenecientes al Movimiento Evita se separen del bloque del Frente para la Victoria y constituyan uno autónomo -Peronismo para la Victoria- ha provocado ruidos políticos, en particular al interior del propio Kirchnerismo, donde hubo compañeros que discreparon con nuestra postura, dirigentes que la cuestionaron con más dureza que fundamentos y un par de jetones que optaron por el agravio desaforado. Al respecto, cabe decir ante todo, que así como reivindicamos nuestro derecho a la crítica se lo reconocemos plenamente a los demás. A quienes han argumentado honestamente, les hemos contestado con nuestros propios argumentos y siempre estaremos dispuestos a intercambiar con ellos ideas y a coincidir en acciones, porque los sabemos hermanos más allá de las posturas que unos y otros creamos que es preciso adoptar. A los que nos insultan, los dejaremos que se tranquilicen y rebobinen. El enojo, la indignación y la dureza las reservamos para los enemigos del pueblo.
Entre la falta de respeto y la responsabilidad política
Sin perjuicio de eso, sorprende la facilidad con que, a veces, algunos compañeros agreden a otros sin que importen las luchas y las banderas compartidas y sin concederse tiempo para la reflexión. El Movimiento Evita reúne una riqueza militante que pocos pueden exhibir. No se formó al calor oficial, no es una secta dogmática ni un pequeño grupúsculo oportunista al servicio del ego de algún dirigente. Es una organización política que reúne a viejos luchadores que ya lo sacrificaron todo varias veces con una multitud juvenil lúcida y abnegada. Están aquí compañeros que resistieron los dieciocho años de persecuciones y proscripción, que lucharon en los 60 y en los 70 contra el onganíato primero y contra la dictadura genocida después, que sufrieron cárcel, tortura y ostracismo. Intelectuales valiosos, jóvenes universitarios, dirigentes barriales, atentos a los problemas de la sociedad, de la educación, de la economía, del desarrollo regional, de los derechos de las minorías, de la violencia institucional y de género, pero sobre todo, todos ellos, férreamente unidos por un común denominador consistente en la lucha contra la desigualdad, la marginación, la pobreza y la exclusión que constituyen el núcleo central de los problemas de nuestro tiempo. Por eso, si bien todos tienen lugar en nuestras filas, lo cierto es que el Evita hunde sus raíces más profundas en lo más hondo de la estructura social y levanta en alto, por encima de todas, la bandera de la solidaridad, la inclusión y la justicia social, así como también es un hecho que la mayoría de sus miembros proviene de ese subsuelo ultrajado y doliente. Es por esa historia y por la composición social que describimos que nos consideramos merecedores del respeto que dispensamos a todas las organizaciones del campo popular. Y cuando ese respeto nos falta no nos asusta, ni nos irrita, ni nos ofende. Sólo nos entristece, porque pensamos cuanto les falta madurar para que el movimiento nacional y popular pueda contar con ellos plenamente. De todos modos, los esperaremos hasta el reencuentro, con el mismo espíritu fraternal.
Emilio Pérsico, el Chino Navarro, Jorge Taiana, Leo Grosso, Silvia Horne y muchos otros compañeros han explicado ya, con amplitud, la decisión tomada. Nuestros diputados no rompieron el Bloque, porque ya estaba roto. Algunos disimularán por un tiempo más su decisión, otros esperarán momentos que parezcan más oportunos, otros se fueron antes, pero el Bloque está roto y no por culpa del Movimiento Evita.
En nuestro caso, tomamos esa decisión con el convencimiento de que tenemos el deber de aportar todo lo que esté a nuestro alcance para que el movimiento nacional y popular recobre la claridad de su conciencia política, la certeza acerca de sus objetivos y la capacidad para reconstruir las expresiones orgánicas que lo expresen en el campo de la acción política y la conducción que las dirija. Esas necesidades rigen también respecto del accionar legislativo y no serían adecuadamente servidas si persistiéramos en un amontonamiento forzado donde están ausentes la confianza recíproca, la coherencia política y la posibilidad de ejercitar útilmente la libertad crítica (y especialmente autocrítica) a la que un representante del pueblo no puede renunciar.
Nosotros no nos vamos del Proyecto, sino de una formalidad parlamentaria que hoy, en lo esencial, no le es útil. Pero quedamos al servicio de la unidad peronista y del campo popular, entendiendo que está en el ADN del peronismo ser el instrumento de las masas populares argentinas para cambiar la realidad y la historia en beneficio del imperio de la justicia social y de la consolidación definitiva de la nación en el marco de la integración con los pueblos hermanos de América Latina. Será eso o no será nada y nosotros, estemos donde estemos, nos consagraremos al logro de ese objetivo y de aquella unidad que sirva efectivamente para concretarlo. Ni nos vamos del Proyecto ni, mucho menos, renunciamos a concretarlo.
Los doce años de Néstor y Cristina
Reivindicamos la validez de lo hecho en el transcurso de los últimos doce años, en tanto se desarrolló una política firmemente orientada hacia la extensión y ampliación de derechos, al procesamiento y castigo de los responsables del terrorismo de estado, a la recuperación del rol del estado como promotor del desarrollo y garante de la equidad social, a la recuperación de los instrumentos indispensables para desempeñar ese rol con eficiencia (sistema previsional, YPF, AA, AySA, etc.), a la redistribución de la riqueza mediante el funcionamiento pleno de los institutos colectivos del sistema de relaciones laborales, a la asistencia a los sectores más vulnerables de la sociedad incluyendo la flexibilización del régimen jubilatorio, a la integración efectiva con los países hermanos y, en general, a crear las condiciones propicias para volver a creer que la liberación social y nacional son posibles.
Valorar los doce años conlleva el reconocimiento al liderazgo que ejercieron durante ese lapso Néstor y Cristina Kirchner. Cristina sigue siendo hoy la personalidad política más relevante de nuestro país y será siempre un símbolo de los ideales de nuestro pueblo. Merece y tiene nuestra gratitud, nuestro cariño y nuestra absoluta solidaridad frente a la campaña persecutoria desatada contra ella. Pero ha decidido no ejercer la conducción política activa y efectiva y nosotros somos respetuosos de sus determinaciones y del rol que se ha reservado.
No ignoramos todo lo que falta, lo que no se hizo, lo que fue insuficiente y lo que se hizo mal. Pero tenemos la certeza absoluta de que la feroz ofensiva desatada por el nuevo oficialismo y por el oligopolio mediático tiene que ver con nuestros aciertos y no con nuestros errores. Y está dirigida, más que a destruir al kirchnerismo, a desacreditar la política como herramienta principal en las manos del pueblo para labrar su destino.
Corrupción y militancia popular
Nosotros, en cambio, rescatamos la política como actividad superior de la sociedad humana, porque conduce a valorar el interés general antes que los particulares, la solidaridad antes que el individualismo egoísta, la justicia antes que la fuerza, la realización colectiva antes que el éxito personal, el desarrollo sustentable al servicio de la vida antes que el deterioro planetario impulsado por la codicia ilimitada y porque nos alienta a creer en la posibilidad cierta de construir una sociedad nueva, libre, democrática y justa que permita, a cada hombre y a cada mujer, vivir con la dignidad que exige su condición humana y erguirse en la plenitud de su estatura. Y porque la valoramos repudiamos a quienes la contaminan con conductas incompatibles con las que se esperan de un militante popular. No son militantes populares, no pueden serlo, quienes incurren en actos de corrupción y, por lo tanto, no tienen cabida en nuestras filas, además de merecer el castigo que legalmente les corresponda. Es por eso que estimamos necesario recordar que los fueros existen para proteger a los representantes del pueblo frente al despotismo y a la violencia de los poderosos, para garantizar el ejercicio irrestricto de sus funciones y de sus derechos, pero no para encubrir actos de corrupción. Los representantes del pueblo no podemos tener nada que ocultar y es por eso que nuestros legisladores jamás eludirán una investigación fundada y sustanciada con arreglo al marco jurídico que es propio de un estado de derecho. Los que representamos los intereses y anhelos populares podemos cometer errores, equivocar diagnósticos y obrar ineficazmente y el pueblo nos juzgará cuando vote. Pero no podemos incurrir en debilidad moral.
Sin perjuicio de los avances producidos en nuestro País en los últimos años,vivimos en una sociedad profundamente injusta, excluyente y violenta a la que y queremos cambiar. Esa sociedad, fruto del capitalismo financiarizado y de las políticas neoliberales, estimula el consumismo irracional, la usura, el crimen organizado, la banalización de la pobreza, la marginación de los pobres, la profundización de la desigualdad y la destrucción del medio ambiente. Este régimen es estructuralmente corrupto y propaga corrupción. Por eso queremos transformarlo, pero también por eso nuestra lucha es incompatible con todo acto de corrupción.
El gobierno actual, sin perjuicio de la intencionalidad personal de quienes lo integran, es objetivamente un factor de restauración de las políticas neoliberales y, por lo tanto, está llamado a provocar una grave y peligrosa regresión social. Nuestro deber es combatirlo. Es por ello que nuestros diputados nacionales han ratificado nuestra condición opositora y nuestra voluntad de obrar como opositores en el marco de las instituciones democráticas, con todos los medios que la democracia nos brinda. Y es también por eso que, en tanto militantes, proclamamos la resistencia al retroceso pretendido, comprometiendo nuestra presencia activa en el conflicto social que con fría premeditación se está provocando.
Los trabajadores de la economía popular y el ejercicio de su representación
Otro aspecto que fue motivo de censura refiere a encuentros producidos entre miembros del Movimiento Evita y funcionarios gubernamentales, con motivo de asuntos de interés para cooperativas formadas por trabajadores de la economía popular. Esas críticas obligan a recordar que aquellas modalidades que señalamos como distintivas de nuestra organización, determinan que muchos de sus militantes desarrollen una actividad intensa en las organizaciones que representan al nuevo proletariado, a los trabajadores de la exclusión y la informalidad, a los que generan su propio trabajo, a los trabajadores sin patrón. Esas organizaciones confluyen, en su mayoría, en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y muchos de los dirigentes de la CTEP forman parte del Movimiento Evita. Esto es así del mismo modo que la inmensa mayoría de los dirigentes del movimiento sindical de los trabajadores en relación de dependencia, desde la década del 40’ del siglo pasado, son peronistas. Y así como esos dirigentes no dejaron de cumplir con sus responsabilidades sindicales en los períodos en que no gobernó el peronismo, los dirigentes de la CTEP no dejarán de ejercer la defensa de los intereses de sus representados porque gobierne Macri.
Por el contrario, están y estarán presentes en todos los conflictos y se bancan y se bancarán sus consecuencias, como lo hacen a diario, gobierne quien gobierne. Y deberán verse con ministros, funcionarios y organizaciones empresariales, gobierne quien gobierne, cuando se trate de lograr el reconocimiento pleno de su organización, resolver los problemas de las cooperativas, acudir en ayuda de las empresas recuperadas, proteger a los trabajadores de la vía pública, lograr la obra social que les asegure cobertura médica efectiva y sostener cuanta reivindicación corresponda al sector social más desamparado y expuesto del país. Los que creen que esas gestiones, que obligan a mantener entrevistas y reuniones como cualquier representante sindical, configuran traición, sólo manifiestan su ignorancia, su falta de comprensión de los problemas que debemos enfrentar si en verdad queremos concretar el Proyecto y, en el fondo, su falta de solidaridad real para con los proletarios de la exclusión. Y también revelan, en definitiva, que no han logrado mensurar la importancia de lo que todavía faltaba hacer cuando perdimos el gobierno, lo que explica que desestimen la necesidad de la autocrítica aún pendiente.
El compromiso principal es con el pueblo y apunta al futuro
Es necesario entender que servir al Proyecto es, ante todo, trabajar para convertirlo en realidad. La mera reivindicación del pasado inmediato es insuficiente. Primero porque, pese a todo cuanto avanzamos, fuimos derrotados por la derecha mediante el voto ciudadano en un proceso democrático. Eso sólo -que carece de antecedentes en la historia argentina- indica que lo que falta, lo que no se hizo, se hizo insuficientemente o se hizo mal, fue demasiado.
Lo que señala la insoslayable obligación de elaborar las propuestas, las políticas públicas imprescindibles para que, cuando recuperemos el gobierno, realmente podamos cambiar la realidad. Es decir, lograr un desarrollo que sea compatible con políticas sociales de nueva generación y suficiente para sustentar una sociedad inclusiva e igualitaria, en la que la felicidad no sea un privilegio de ricos sino una posibilidad cierta de todos. Un desarrollo sustentable que no esté expuesto, como históricamente ha ocurrido, a las restricciones del sector externo de la economía. Un desarrollo virtuoso, que contribuya a preservar el medioambiente en vez de destruirlo. Un desarrollo que forme parte del progreso de una América Latina integrada y unida.
La posibilidad de imaginar una nueva etapa exitosa del Proyecto Nacional y Popular exige una nueva visión de la realidad. Es preciso entender que la sociedad ha cambiado y que los problemas de los pueblos, en el siglo XXI, son distintos. Es decir, la lógica tradicional del capitalismo, la que construyó la sociedad industrial, generó la “cuestión social” que enlutó a los trabajadores durante dos siglos -la explotación despiadada- y en algún momento admitió formar parte de una respuesta plausible como lo fue el estado de bienestar, ya no rige. El capitalismo actual, globalizado, desregulado en escala universal y conducido por los tenedores de activos financieros y no ya por los dueños de las fábricas, ha impuesto otra lógica. La de los mercados segmentados, fluidos, flexibles, mutantes, que no son compatibles con una organización del trabajo con empleo estable y regulada por normas protectoras y que, por lo tanto, tiende a precarizarlo todo. Y la de la innovación tecnológica incesante que suprime puestos de trabajo y torna crecientemente innecesaria a una gran parte de la mano de obra disponible.
La nueva cuestión social se centra en la crisis del empleo, en la exclusión de una nueva franja social impulsada hacia los márgenes de la sociedad y condenada a vivir en la informalidad, a inventar su propio trabajo, sin patrón y sin tutela legal. Esta transformación y la incapacidad de los sectores progresistas para entenderla y enfrentarla con propuestas alternativas eficientes explica el drama social del mundo contemporáneo. Y quizá también contribuya a explicar porqué gano las elecciones en la Argentina una derecha adversa a los inter-eses mayoritarios. Los problemas del siglo XXI deben afrontarse con una visión propia del siglo XXI y no con recetas surgidas de una realidad que ya no es.
Por eso es que nuestro compromiso con el Proyecto reivindica el pasado pero está consagrado al futuro. Lo que implica, como objetivo inmediato, reconstruir la fuerza política capaz de edificar ese futuro. Basada en un peronismo que vuelva a ser capaz de torcer la marcha de la historia, como lo hizo el primer peronismo. Consciente de que sin ese instrumento no hay redención posible para nuestro pueblo, pero también de que el peronismo sólo no basta y que es imprescindible ratificar con la mayor amplitud la vocación frentista que el peronismo siempre tuvo. Y dotada de una conducción eficiente, de ejercicio constante, respetuosa de las bases, capaz de interactuar con la organización territorial, con el sindicalismo y con los movimientos sociales, de incorporar a las capas medias librando la batalla cultural necesaria para que cobren conciencia de sus propios intereses y no miren la realidad con la óptica de sus explotadores y de organizar a las grandes mayorías populares para que nunca más un gobierno opuesto a sus intereses y a sus anhelos pueda regir los destinos del país por voluntad ciudadana, como una suerte de oxímoron histórico.
Al servicio de esa construcción están el Movimiento Evita y los diputados nacionales del Movimiento Evita.
La decisión adoptada en el sentido que los diputados nacionales pertenecientes al Movimiento Evita se separen del bloque del Frente para la Victoria y constituyan uno autónomo -Peronismo para la Victoria- ha provocado ruidos políticos, en particular al interior del propio Kirchnerismo, donde hubo compañeros que discreparon con nuestra postura, dirigentes que la cuestionaron con más dureza que fundamentos y un par de jetones que optaron por el agravio desaforado. Al respecto, cabe decir ante todo, que así como reivindicamos nuestro derecho a la crítica se lo reconocemos plenamente a los demás. A quienes han argumentado honestamente, les hemos contestado con nuestros propios argumentos y siempre estaremos dispuestos a intercambiar con ellos ideas y a coincidir en acciones, porque los sabemos hermanos más allá de las posturas que unos y otros creamos que es preciso adoptar. A los que nos insultan, los dejaremos que se tranquilicen y rebobinen. El enojo, la indignación y la dureza las reservamos para los enemigos del pueblo.
Entre la falta de respeto y la responsabilidad política
Sin perjuicio de eso, sorprende la facilidad con que, a veces, algunos compañeros agreden a otros sin que importen las luchas y las banderas compartidas y sin concederse tiempo para la reflexión. El Movimiento Evita reúne una riqueza militante que pocos pueden exhibir. No se formó al calor oficial, no es una secta dogmática ni un pequeño grupúsculo oportunista al servicio del ego de algún dirigente. Es una organización política que reúne a viejos luchadores que ya lo sacrificaron todo varias veces con una multitud juvenil lúcida y abnegada. Están aquí compañeros que resistieron los dieciocho años de persecuciones y proscripción, que lucharon en los 60 y en los 70 contra el onganíato primero y contra la dictadura genocida después, que sufrieron cárcel, tortura y ostracismo. Intelectuales valiosos, jóvenes universitarios, dirigentes barriales, atentos a los problemas de la sociedad, de la educación, de la economía, del desarrollo regional, de los derechos de las minorías, de la violencia institucional y de género, pero sobre todo, todos ellos, férreamente unidos por un común denominador consistente en la lucha contra la desigualdad, la marginación, la pobreza y la exclusión que constituyen el núcleo central de los problemas de nuestro tiempo. Por eso, si bien todos tienen lugar en nuestras filas, lo cierto es que el Evita hunde sus raíces más profundas en lo más hondo de la estructura social y levanta en alto, por encima de todas, la bandera de la solidaridad, la inclusión y la justicia social, así como también es un hecho que la mayoría de sus miembros proviene de ese subsuelo ultrajado y doliente. Es por esa historia y por la composición social que describimos que nos consideramos merecedores del respeto que dispensamos a todas las organizaciones del campo popular. Y cuando ese respeto nos falta no nos asusta, ni nos irrita, ni nos ofende. Sólo nos entristece, porque pensamos cuanto les falta madurar para que el movimiento nacional y popular pueda contar con ellos plenamente. De todos modos, los esperaremos hasta el reencuentro, con el mismo espíritu fraternal.
Emilio Pérsico, el Chino Navarro, Jorge Taiana, Leo Grosso, Silvia Horne y muchos otros compañeros han explicado ya, con amplitud, la decisión tomada. Nuestros diputados no rompieron el Bloque, porque ya estaba roto. Algunos disimularán por un tiempo más su decisión, otros esperarán momentos que parezcan más oportunos, otros se fueron antes, pero el Bloque está roto y no por culpa del Movimiento Evita.
En nuestro caso, tomamos esa decisión con el convencimiento de que tenemos el deber de aportar todo lo que esté a nuestro alcance para que el movimiento nacional y popular recobre la claridad de su conciencia política, la certeza acerca de sus objetivos y la capacidad para reconstruir las expresiones orgánicas que lo expresen en el campo de la acción política y la conducción que las dirija. Esas necesidades rigen también respecto del accionar legislativo y no serían adecuadamente servidas si persistiéramos en un amontonamiento forzado donde están ausentes la confianza recíproca, la coherencia política y la posibilidad de ejercitar útilmente la libertad crítica (y especialmente autocrítica) a la que un representante del pueblo no puede renunciar.
Nosotros no nos vamos del Proyecto, sino de una formalidad parlamentaria que hoy, en lo esencial, no le es útil. Pero quedamos al servicio de la unidad peronista y del campo popular, entendiendo que está en el ADN del peronismo ser el instrumento de las masas populares argentinas para cambiar la realidad y la historia en beneficio del imperio de la justicia social y de la consolidación definitiva de la nación en el marco de la integración con los pueblos hermanos de América Latina. Será eso o no será nada y nosotros, estemos donde estemos, nos consagraremos al logro de ese objetivo y de aquella unidad que sirva efectivamente para concretarlo. Ni nos vamos del Proyecto ni, mucho menos, renunciamos a concretarlo.
Los doce años de Néstor y Cristina
Reivindicamos la validez de lo hecho en el transcurso de los últimos doce años, en tanto se desarrolló una política firmemente orientada hacia la extensión y ampliación de derechos, al procesamiento y castigo de los responsables del terrorismo de estado, a la recuperación del rol del estado como promotor del desarrollo y garante de la equidad social, a la recuperación de los instrumentos indispensables para desempeñar ese rol con eficiencia (sistema previsional, YPF, AA, AySA, etc.), a la redistribución de la riqueza mediante el funcionamiento pleno de los institutos colectivos del sistema de relaciones laborales, a la asistencia a los sectores más vulnerables de la sociedad incluyendo la flexibilización del régimen jubilatorio, a la integración efectiva con los países hermanos y, en general, a crear las condiciones propicias para volver a creer que la liberación social y nacional son posibles.
Valorar los doce años conlleva el reconocimiento al liderazgo que ejercieron durante ese lapso Néstor y Cristina Kirchner. Cristina sigue siendo hoy la personalidad política más relevante de nuestro país y será siempre un símbolo de los ideales de nuestro pueblo. Merece y tiene nuestra gratitud, nuestro cariño y nuestra absoluta solidaridad frente a la campaña persecutoria desatada contra ella. Pero ha decidido no ejercer la conducción política activa y efectiva y nosotros somos respetuosos de sus determinaciones y del rol que se ha reservado.
No ignoramos todo lo que falta, lo que no se hizo, lo que fue insuficiente y lo que se hizo mal. Pero tenemos la certeza absoluta de que la feroz ofensiva desatada por el nuevo oficialismo y por el oligopolio mediático tiene que ver con nuestros aciertos y no con nuestros errores. Y está dirigida, más que a destruir al kirchnerismo, a desacreditar la política como herramienta principal en las manos del pueblo para labrar su destino.
Corrupción y militancia popular
Nosotros, en cambio, rescatamos la política como actividad superior de la sociedad humana, porque conduce a valorar el interés general antes que los particulares, la solidaridad antes que el individualismo egoísta, la justicia antes que la fuerza, la realización colectiva antes que el éxito personal, el desarrollo sustentable al servicio de la vida antes que el deterioro planetario impulsado por la codicia ilimitada y porque nos alienta a creer en la posibilidad cierta de construir una sociedad nueva, libre, democrática y justa que permita, a cada hombre y a cada mujer, vivir con la dignidad que exige su condición humana y erguirse en la plenitud de su estatura. Y porque la valoramos repudiamos a quienes la contaminan con conductas incompatibles con las que se esperan de un militante popular. No son militantes populares, no pueden serlo, quienes incurren en actos de corrupción y, por lo tanto, no tienen cabida en nuestras filas, además de merecer el castigo que legalmente les corresponda. Es por eso que estimamos necesario recordar que los fueros existen para proteger a los representantes del pueblo frente al despotismo y a la violencia de los poderosos, para garantizar el ejercicio irrestricto de sus funciones y de sus derechos, pero no para encubrir actos de corrupción. Los representantes del pueblo no podemos tener nada que ocultar y es por eso que nuestros legisladores jamás eludirán una investigación fundada y sustanciada con arreglo al marco jurídico que es propio de un estado de derecho. Los que representamos los intereses y anhelos populares podemos cometer errores, equivocar diagnósticos y obrar ineficazmente y el pueblo nos juzgará cuando vote. Pero no podemos incurrir en debilidad moral.
Sin perjuicio de los avances producidos en nuestro País en los últimos años,vivimos en una sociedad profundamente injusta, excluyente y violenta a la que y queremos cambiar. Esa sociedad, fruto del capitalismo financiarizado y de las políticas neoliberales, estimula el consumismo irracional, la usura, el crimen organizado, la banalización de la pobreza, la marginación de los pobres, la profundización de la desigualdad y la destrucción del medio ambiente. Este régimen es estructuralmente corrupto y propaga corrupción. Por eso queremos transformarlo, pero también por eso nuestra lucha es incompatible con todo acto de corrupción.
El gobierno actual, sin perjuicio de la intencionalidad personal de quienes lo integran, es objetivamente un factor de restauración de las políticas neoliberales y, por lo tanto, está llamado a provocar una grave y peligrosa regresión social. Nuestro deber es combatirlo. Es por ello que nuestros diputados nacionales han ratificado nuestra condición opositora y nuestra voluntad de obrar como opositores en el marco de las instituciones democráticas, con todos los medios que la democracia nos brinda. Y es también por eso que, en tanto militantes, proclamamos la resistencia al retroceso pretendido, comprometiendo nuestra presencia activa en el conflicto social que con fría premeditación se está provocando.
Los trabajadores de la economía popular y el ejercicio de su representación
Otro aspecto que fue motivo de censura refiere a encuentros producidos entre miembros del Movimiento Evita y funcionarios gubernamentales, con motivo de asuntos de interés para cooperativas formadas por trabajadores de la economía popular. Esas críticas obligan a recordar que aquellas modalidades que señalamos como distintivas de nuestra organización, determinan que muchos de sus militantes desarrollen una actividad intensa en las organizaciones que representan al nuevo proletariado, a los trabajadores de la exclusión y la informalidad, a los que generan su propio trabajo, a los trabajadores sin patrón. Esas organizaciones confluyen, en su mayoría, en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y muchos de los dirigentes de la CTEP forman parte del Movimiento Evita. Esto es así del mismo modo que la inmensa mayoría de los dirigentes del movimiento sindical de los trabajadores en relación de dependencia, desde la década del 40’ del siglo pasado, son peronistas. Y así como esos dirigentes no dejaron de cumplir con sus responsabilidades sindicales en los períodos en que no gobernó el peronismo, los dirigentes de la CTEP no dejarán de ejercer la defensa de los intereses de sus representados porque gobierne Macri.
Por el contrario, están y estarán presentes en todos los conflictos y se bancan y se bancarán sus consecuencias, como lo hacen a diario, gobierne quien gobierne. Y deberán verse con ministros, funcionarios y organizaciones empresariales, gobierne quien gobierne, cuando se trate de lograr el reconocimiento pleno de su organización, resolver los problemas de las cooperativas, acudir en ayuda de las empresas recuperadas, proteger a los trabajadores de la vía pública, lograr la obra social que les asegure cobertura médica efectiva y sostener cuanta reivindicación corresponda al sector social más desamparado y expuesto del país. Los que creen que esas gestiones, que obligan a mantener entrevistas y reuniones como cualquier representante sindical, configuran traición, sólo manifiestan su ignorancia, su falta de comprensión de los problemas que debemos enfrentar si en verdad queremos concretar el Proyecto y, en el fondo, su falta de solidaridad real para con los proletarios de la exclusión. Y también revelan, en definitiva, que no han logrado mensurar la importancia de lo que todavía faltaba hacer cuando perdimos el gobierno, lo que explica que desestimen la necesidad de la autocrítica aún pendiente.
El compromiso principal es con el pueblo y apunta al futuro
Es necesario entender que servir al Proyecto es, ante todo, trabajar para convertirlo en realidad. La mera reivindicación del pasado inmediato es insuficiente. Primero porque, pese a todo cuanto avanzamos, fuimos derrotados por la derecha mediante el voto ciudadano en un proceso democrático. Eso sólo -que carece de antecedentes en la historia argentina- indica que lo que falta, lo que no se hizo, se hizo insuficientemente o se hizo mal, fue demasiado.
Lo que señala la insoslayable obligación de elaborar las propuestas, las políticas públicas imprescindibles para que, cuando recuperemos el gobierno, realmente podamos cambiar la realidad. Es decir, lograr un desarrollo que sea compatible con políticas sociales de nueva generación y suficiente para sustentar una sociedad inclusiva e igualitaria, en la que la felicidad no sea un privilegio de ricos sino una posibilidad cierta de todos. Un desarrollo sustentable que no esté expuesto, como históricamente ha ocurrido, a las restricciones del sector externo de la economía. Un desarrollo virtuoso, que contribuya a preservar el medioambiente en vez de destruirlo. Un desarrollo que forme parte del progreso de una América Latina integrada y unida.
La posibilidad de imaginar una nueva etapa exitosa del Proyecto Nacional y Popular exige una nueva visión de la realidad. Es preciso entender que la sociedad ha cambiado y que los problemas de los pueblos, en el siglo XXI, son distintos. Es decir, la lógica tradicional del capitalismo, la que construyó la sociedad industrial, generó la “cuestión social” que enlutó a los trabajadores durante dos siglos -la explotación despiadada- y en algún momento admitió formar parte de una respuesta plausible como lo fue el estado de bienestar, ya no rige. El capitalismo actual, globalizado, desregulado en escala universal y conducido por los tenedores de activos financieros y no ya por los dueños de las fábricas, ha impuesto otra lógica. La de los mercados segmentados, fluidos, flexibles, mutantes, que no son compatibles con una organización del trabajo con empleo estable y regulada por normas protectoras y que, por lo tanto, tiende a precarizarlo todo. Y la de la innovación tecnológica incesante que suprime puestos de trabajo y torna crecientemente innecesaria a una gran parte de la mano de obra disponible.
La nueva cuestión social se centra en la crisis del empleo, en la exclusión de una nueva franja social impulsada hacia los márgenes de la sociedad y condenada a vivir en la informalidad, a inventar su propio trabajo, sin patrón y sin tutela legal. Esta transformación y la incapacidad de los sectores progresistas para entenderla y enfrentarla con propuestas alternativas eficientes explica el drama social del mundo contemporáneo. Y quizá también contribuya a explicar porqué gano las elecciones en la Argentina una derecha adversa a los inter-eses mayoritarios. Los problemas del siglo XXI deben afrontarse con una visión propia del siglo XXI y no con recetas surgidas de una realidad que ya no es.
Por eso es que nuestro compromiso con el Proyecto reivindica el pasado pero está consagrado al futuro. Lo que implica, como objetivo inmediato, reconstruir la fuerza política capaz de edificar ese futuro. Basada en un peronismo que vuelva a ser capaz de torcer la marcha de la historia, como lo hizo el primer peronismo. Consciente de que sin ese instrumento no hay redención posible para nuestro pueblo, pero también de que el peronismo sólo no basta y que es imprescindible ratificar con la mayor amplitud la vocación frentista que el peronismo siempre tuvo. Y dotada de una conducción eficiente, de ejercicio constante, respetuosa de las bases, capaz de interactuar con la organización territorial, con el sindicalismo y con los movimientos sociales, de incorporar a las capas medias librando la batalla cultural necesaria para que cobren conciencia de sus propios intereses y no miren la realidad con la óptica de sus explotadores y de organizar a las grandes mayorías populares para que nunca más un gobierno opuesto a sus intereses y a sus anhelos pueda regir los destinos del país por voluntad ciudadana, como una suerte de oxímoron histórico.
Al servicio de esa construcción están el Movimiento Evita y los diputados nacionales del Movimiento Evita. 

miércoles



Taiana, Filmus y Heller juntos en la presentación del libro “Debatir para construir”

Taiana, Filmus y Heller juntos en la presentación del libro “Debatir para construir”

El precandidato presidencial Jorge Taiana, el Secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas de la Cancillería, Daniel Filmus, y el diputado nacional Carlos Heller encabezarán este jueves 12 de febrero a las 19.30 la presentación del libro “Debatir para construir. Hacia el segundo tomo del proyecto nacional”, en el Centro Cultural de la Cooperación.
El texto recoge los debates que surgieron a partir de la Asamblea Popular del Pensamiento Emancipatorio que se realizó en la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) en mayo de 2014, encuentro en el que Taiana, Filmus y Heller participaron como expositores.
“Debatir para construir. Hacia el segundo tomo del proyecto nacional” incluye intervenciones de militantes políticos, sociales, intelectuales, académicos y referentes sectoriales y se organiza sobre los siguientes ejes temáticos: Las condiciones del desarrollo con igualdad y justicia; La integración regional como condición necesaria; Educación, cultura y comunicación social; Política, Estado y construcción de poder popular; La cuestión social en el mundo post-industrial. La nueva pobreza y los nuevos actores sociales y El colonialismo en el Siglo XXI. La cuestión de las Islas Malvinas.

domingo

JORGE TAIANA: Mi candidatura presidencial es inmodificable.

Políticos al diván / Primera sesión

Jorge Taiana: "El gobierno de Irán no se ha portado bien con la Argentina"

lunes

GRACIAS NÉSTOR!!!

TE RECORDAMOS JUNTO A NUESTRO COMPAÑERO JORGE TAIANA...


En este día homenajeamos a Néstor de la mejor manera: 
militando y movilizando al pueblo. 
Te extrañamos, Flaco.

lunes

Jorge TAIANA: "...el kirchnerismo es la forma actual del peronismo, por lo menos de una manera muy mayoritaria."

REPORTAJE A JORGE TAIANA  

“Tuve pocas esperanzas en el acuerdo con Irán”

A veinte años del atentado a la AMIA, el ex canciller duda de las gestiones con Teherán para encontrar justicia. China, Brasil y su visión del kirchnerismo.

Por Magdalena Ruiz Guiñazú 


El peso del gigante asiático. “China es un país complejo y contradictorio. Tiene una clase media superior a los 300 millones de habitantes”.
El peso del gigante asiático. “China es un país complejo y contradictorio. Tiene una clase media superior a los 300 millones de habitantes”. | Foto: Juan Obregón
Recién llegado de China, Jorge Taiana acaba de asistir a una reunión convocada por el Shanghai Institute que tiene un cuerpo asesor internacional al que convoca de tiempo en tiempo.
—Ellos explican lo que están haciendo y se supone que uno tiene que emitir su opinión al respecto. Yo soy el único latinoamericano que forma parte de ese consejo asesor y me interesaba particularmente esta reunión porque deseaba mostrar la nueva visión de China y de Shanghai que se establece a partir de la nueva forma de gobierno chino. China cambia su equipo gobernante cada diez años y ahora, como sabemos, ha asumido el presidente Xi Jinping, que llegará dentro de algunas horas a Buenos Aires. Yo lo conocí cuando era vicepresidente. La reunión de Shanghai resultó entonces muy, muy interesante. Le diré, al margen, que Shanghai es en sí misma una ciudad notable.
—¿Por qué?
—Con grandes cambios, con 25 millones de habitantes, con 16 líneas de subte, con una Bolsa que crearon hace cinco años y que, en 2020, se espera que compita con la Bolsa de Tokio y la Bolsa de Hong Kong. Tiene, además, una vida cultural intensa. Hoy también está unida a Beijing, de la que la separan 1.400 kilómetros, por un tren de alta velocidad. Tanto es así, que uno de los asistentes a la reunión había venido desde allí sólo por el día.
—¿Cuánto tarda ese viaje?
—Cuatro horas y media. Algo impresionante. Fue una semana muy importante: en primer término por el viaje del presidente Xi Jinping a Latinoamérica. Estaban muy interesados en ver Argentina y resultó interesante escuchar sus opiniones acerca de la situación mundial. También, en esta reunión de Shanghai se desarrolla un diálogo estratégico, político y económico entre Estados Unidos y China. Además, es un encuentro de grupos con presencia oficial. Por eso estaba el secretario de Estado de Estados Unidos, que asistía al diálogo estratégico, económico y político entre Estados Unidos y China. Este es uno de los acuerdos que existen entre los dos Estados con el fin de mantener encuentros entre grupos de estudio con funcionarios y discutir, cada tanto, una agenda. Esto también es un indicador bastante firme de las relaciones entre Estados Unidos y China.
—¿Usted adhiere a la visión de algunos que consideran a los Brics como una especie de respuesta al Fondo Monetario Internacional?
—Yo creo que China tiene una política que es menos blanco-negro. No se olvide que China, junto con nosotros en el G20, ha impulsado la reforma del sistema financiero internacional, del Banco Mundial y del Fondo Monetario. En esta reforma, China quiere tener, de acuerdo al desarrollo de su producto bruto, una mayor participación y quiere un cambio en ciertas prácticas. Obviamente, ellos no están satisfechos porque esa reforma del G20 no ha logrado aún ser aprobada por el Congreso norteamericano. Con lo cual los plazos se demoran y la reforma no se concreta. Yo creo que China sigue empujando esa reforma y, al mismo tiempo, ha impulsado en el Brics la creación de un instrumento que es más pequeño pero que tiene importancia y que va a servir para completar las estrategias de desarrollo, como en el caso del Banco de Desarrollo y para los temas de balance de pagos en otra institución financiera que se está creando. Es decir, yo creo que ciertamente es una muestra de insatisfacción de China y de todos los otros Brics acerca del funcionamiento del sistema financiero internacional pero, más que verlo como un reemplazo, creo que lo consideran como un complemento beneficioso para nosotros mientras se logran potencialmente ciertas reformas.
—Como ex canciller, como hombre internacional, usted está asistiendo a la gran aurora de una potencia como es China, que enfrenta por primera vez el gran poder norteamericano.
—Sí. Recuerdo que, como representante del Gobierno, fuimos a China por primera vez en 2004 con el entonces presidente, Néstor Kirchner. Y desde ese momento, se pensó y se trabajó en el desarrollo de una relación estratégica con China previendo que, efectivamente, el crecimiento que China estaba teniendo en aquellos años iba a continuar y que ese mismo crecimiento iba a llevarla a un lugar de gran importancia desde el punto de vista económico y comercial. Y esto ha sucedido. De hecho China, en diez años, se ha convertido en el segundo socio comercial de la Argentina después de Brasil. Y creo que no sólo es un socio comercial sino que comienza a ser, y esto se verá en la visita de Xi Jinping, un inversor importante en nuestro país. Ya han hecho algunas cosas: no hay que olvidar que ellos tomaron Sierra Grande, la mina productora de hierro más importante que hay en la Argentina; han invertido mucho también en Bridas y, por lo tanto, en Panamerican Energy, con lo cual están en el tema del petróleo, donde han invertido cifras muy significativas. También ellos han comprado el Standard Bank, la operación se efectuó a través de un banco muy importante de China, el Industrial and Comercial Bank of China. Como le decía, aquí se llamaba Standard Bank, era de los sudafricanos, así como antes era el Boston. Es un banco importante, no sólo porque tiene un gran despliegue nacional sino porque, además, es un banco que tiene una larga experiencia en los temas de comercio exterior. O sea que China, al comprar el Standard (o Boston), accede a una larga serie de relaciones con el tema de importaciones y exportaciones argentinas. Creo, incluso, que ahora van a hacer anuncios muy importantes vinculados a las dos represas del Sur: la Kirchner y la Cepernic, que están ubicadas sobre el río Santa Cruz y son dos empresas hidroeléctricas grandes. Seguramente, también, se va a anunciar la inversión en el Belgrano Cargas. Esta es una obra importantísima desde el punto de vista de la logística argentina porque recorre todo el Norte y es una forma de abaratar en gran medida el costo del transporte. Piense usted que es más caro llevar la soja de Santiago del Estero a Rosario que desde Rosario hasta Rotterdam. Entonces, todo el costo de logística argentina, sobre todo para las provincias más alejadas, es un tema muy importante. Estas son dos inversiones seguras y muy grandes. Argentina tiene un desafío en continuar ampliando su oferta exportable y ponerle más valor agregado.
—Para esto es fundamental que mejoren los ferrocarriles.
—Desde ya, y también es importante lograr asociaciones entre productores de bienes con más valor agregado y bienes industriales porque la gran dificultad que tiene Argentina para exportar a China es el tamaño del mercado. Nos piden una escala de bienes que no todos están en condiciones de ofertar. De todos modos, es un mercado con muchas posibilidades. Estamos viendo el crecimiento de China pero los chinos ponen un gran cuidado en explicar que ellos no compiten con Estados Unidos
—¿Por qué?
—Tienen miras a largo plazo. Piensan en veinte o treinta años, tanto en sus inversiones como en su posicionamiento político. Luego, siguen insistiendo, aunque son la segunda economía mundial, en que constituyen un país “en vías de desarrollo”. Ellos no se definen como un país desarrollado.
—La modestia nunca está de más.
—La modestia y parte de la realidad, porque hoy China es un país complejo y contradictorio. Tiene una clase media de no menos de 300 millones de habitantes, que equivale a toda la población de Estados Unidos, por ejemplo, y en total cuenta con 1.350 millones de habitantes, y de ellos hay 700 millones que aún viven en el campo. En esa población rural ellostienen un excedente de población campesina que calculan en 200 millones de personas, que no es fácil trasladar a un mundo desarrollado. Los chinos reconocen que tienen sectores muy desarrollados y sólidos pero, repito, se resisten a considerarse como un país desarrollado. Van, de a poco, buscando la menor fricción posible con el resto del mundo.
—¿Cómo es su mirada sobre nosotros? ¿Vamos de a poco?
—Yo creo que nosotros, en estos doce años de gobierno de Néstor y Cristina, hemos sacado al país de una crisis muy, muy profunda y hemos ido dando varios de los pasos necesarios para salir de todo ese rezago y para ir recuperándonos. Hemos tenido varios años de alto crecimiento, hemos tenido opción de recuperación del rol del Estado en la economía, hemos tenido un estímulo a la demanda considerable y una reducción de los términos de desempleo y de pobreza importante. Hemos avanzado unos pasos, también creo que importantes, en la integración nacional y hemos definido qué tipo de integración queremos. Creo que la pertenencia geográfico-político-económica argentina al Mercosur y a la Unasur está asentada como una realidad y creo que ha quedado claro para muchos argentinos que la integración regional es no sólo una aspiración de nuestros padres sino que, en términos de estrategia de desarrollo, si queremos un país con desarrollo sustentable, con igualdad y con libertad, es imprescindible avanzar con la integración.
—Pero para integrarnos tenemos que tomar la realidad y, por ejemplo, bajar la inflación.
—Sí, la inflación ha sido un problema histórico en la vida argentina. No somos el caso de los alemanes, que están esperando que suba un poco la inflación porque no les arranca la economía. Nosotros aún tenemos varios problemas por resolver: nuestra estructura productiva no está todavía completamente integrada y surge un desafío que consiste en aprovechar los buenos precios de nuestras commodities para volcarlo de la mejor y más eficiente manera posible, cuestión de lograr un desarrollo industrial, de servicios y de infraestructura que pueda dar respuesta y posibilidades de trabajo a todos los argentinos. Tenemos un atraso de infraestructura que viene de muchas décadas pero que sigue siendo importante.
—Frente a ciertas circunstancias y en su caso, Taiana, a través de su familia, que ha estado siempre muy cerca de Perón, uno no puede dejar de preguntarse por qué no ha habido una figura de reemplazo. Algo sorprendente: históricamente, Perón no ha tenido reemplazo.
—A medida que pasa el tiempo, quizás uno encuentra todavía más extraordinaria la figura de Perón. Sus características de estadista, por ejemplo. Un hombre que pensó incluso en algunos de los problemas de largo plazo. Por ejemplo, ese famoso: “El año 2000 nos encontrará unidos o dominados” es una anticipación. Su visión de la integración y su intento de avanzar, en su momento, con el ABC: Argentina, Brasil y Chile, tiene una cosa bastante premonitoria en una época donde todos los países estaban mucho más volcados al desarrollo interno, a la sustitución de importaciones, al tema de las fronteras… de hecho, a hipótesis de conflicto que tenía Argentina no hace tantos años con Brasil y con Chile. Fíjese que recién en estos treinta años de democracia la Argentina ha podido terminar con las hipótesis de conflicto con estos dos grandes vecinos. Creo que esto es un cambio extraordinario que los argentinos no terminamos de valorar. Hoy el Cono Sur y, en general, América del Sur, con la excepción de Colombia, que todavía mantiene un conflicto armado interno, es una zona de paz, libre de armas nucleares, libre de armas químicas que puedan traer una destrucción masiva, sin hipótesis de conflicto entre países… esto es algo muy importante.
—¿Cómo nos ve frente al poderoso Brasil?
— (Taiana se detiene en una pequeña pausa y, luego, cuidadosamente señala) Brasil es nuestro socio estratégico. Es una economía que hoy es casi cuatro veces más grande que la argentina, en términos de producto bruto, y es el país con el cual tenemos que avanzar decididamente en la integración. No hay posibilidades de desarrollo si no hay integración regional. Y no hay integración regional si no la hay entre Brasil y Argentina, y esto necesita de una visión estratégica y una alianza profunda. Creo que es importante decirlo y reiterarlo: esto ha tenido también un desarrollo positivo en estos últimos años, comenzando con el encuentro Alfonsín-Sarney en la década del 80, siguiendo con la creación del Mercosur y lo que se avanzó en el Mercosur durante el período de Néstor y Cristina Kirchner, primero con Lula y luego con Dilma Rousseff. Por supuesto que hay que tener presente que el proceso de integración no es sencillo.
—Como ex canciller, mientras conversamos estamos prácticamente en el aniversario del atentado contra la AMIA, ¿cómo ve nuestro Memorándum con Irán? ¿No es desconcertante la idea de tener que defendernos ante una Justicia que está en territorio enemigo?
—Yo siempre tuve pocas esperanzas en el acuerdo con Irán, pocas esperanzas en que ese acuerdo contribuyera a esclarecer los hechos. Creo que la conducta de Irán no brindaba muchas esperanzas. Hay una serie de aspectos del Memorándum que, aunque yo no he estado en los debates, por ejemplo, no establece qué jurisdicción será usada, ni qué legislación. Sí, honestamente, siempre he tenido poca expectativa en que eso pudiera si se hizo realmente con la voluntad de avanzar. Creo que las cartas no dieron un resultado positivo.
—Volviendo a su historia personal, Taiana, sabiendo de la profunda relación de su padre con Perón, ¿el país sigue siendo peronista, no?
—Creo que sí pero quizás en el sentido más profundo del término. Me parece que la Argentina y los argentinos tenemos una fuerte vocación por la justicia social, y en eso nos distinguimos de muchos otros países de la región. O sea que el concepto de justicia social es sentido por sectores mayoritarios: políticos, sindicales, laborales, empresariales, profesionales. Creo que es un tema muy fuerte. También en el tema de la soberanía política. Este es un país que busca su autonomía y que piensa que un grado de autonomía y decisión propias en el escenario nacional es bueno para el desarrollo del país. Y también creo que tiene una base sobre la independencia económica. Es decir, la idea de tener un desarrollo y no depender tanto del comercio mundial o de circunstancias que nosotros no manejamos. Una economía que sólo dependa esencialmente del mercado mundial es una economía muy frágil.
—¿Usted cree que los jóvenes tienen claro que el peronismo no es el kirchnerismo?
—Digamos que ése es un debate político. Yo creo que el kirchnerismo es la forma actual del peronismo, por lo menos de una manera muy mayoritaria. Y si uno mira muchas de las acciones del Gobierno… creo que son muy peronistas. Las buenas acciones y algunas que no son tan buenas, también. El kirchnerismo comparte las virtudes y también algunos de los defectos que hemos tenido los peronistas. Y en ese sentido, creo que es, repito, la expresión actual del peronismo. Lo que me parece que ven los jóvenes es una realidad distinta a la de todos nosotros. Y eso me parece que es bueno. Si hay alguna cosa que merece destacarse, y lo vinculo con los treinta años de democracia, es que tenemos, por primera vez, una generación de jóvenes formados que, me parece, son mucho más libres porque han crecido en democracia y además porque tienen menos carga del pasado.
—Y que usted vivió en carne propia.
—Claro. Pero creo que lo bueno es que los jóvenes están hoy un paso más adelante que nosotros. Todos. Los que están en la política, pero la mayoría no está en la política. Están en sus estudios, en su trabajo, en su investigación.
—Sin embargo, hay una presencia muy fuerte de La Cámpora.
—Creo que hay un movimiento juvenil importante pero hay cantidad de jóvenes que, creo yo, tienen un grado de libertad y de experiencia que es un beneficio importante para la sociedad. Esto se va a ver en la creatividad de ellos en los próximos años. Veremos en la escena política a los que elijan la política en el oficialismo o en la oposición. Lo que sea. Porque de eso se trata. Lo vamos a ver también en la ciencia y lo vamos a ver en el juego empresario. Y en los trabajadores. Yo, en eso, soy muy optimista. Justamente sobre el presente y el futuro de Argentina yo estoy promoviendo que haya un debate, en el caso del oficialismo, del Frente para la Victoria, acerca de lo que yo llamo El Tomo II. Creo que se ha cumplido una etapa y se han hecho una serie de cosas pero estamos cambiando de etapa y estamos enfrentando un desafío. Si el Frente para la Victoria aspira a tener un resultado electoral positivo, creo que tenemos que plantear qué vamos a hacer a partir de 2015. Y para eso tenemos que construir lo que llamo El Tomo II y creo que hay muchas cosas, en Argentina, donde podemos tener iniciativas y hay también muchas personas a convocar para discutir ese futuro. Un futuro que debe tener en cuenta que tenemos todavía 33% de trabajadores que no tienen todos sus derechos, que debemos contar con una reforma tributaria que ha sido efectiva en recaudar pero sigue siendo todavía regresiva. Y eso se puede cambiar. Creo, por otra parte, que el impulso a la pequeña y mediana industria requiere de un banco de desarrollo industrial. Hasta ahora, eso no se ha hecho. Está todo el trauma del Banade, ¿no es cierto? que provocó tanta frustración, tantos hechos negativos, pero insisto en que debemos tener un banco de desarrollo industrial si queremos impulsar seriamente, y con objetivos a mediano y largo plazo, la pequeña y mediana industria.
—Hablamos de 2015 pero ni en el oficialismo ni en la oposición se avizoran figuras definitorias.
—Es cierto. Y quizás esto no esté mal. Creo que lo más importante es promover el debate de lo que debemos hacer como sociedad a partir de 2015.